Vestigio inicia con un corto recorrido fotográfico por las calles del centro de la ciudad de Bogotá. Las formas de habitar el espacio y que crean una estética propia de lo urbano se insinúan a través del lente de una cámara y la exploración profunda de las vivencias de sus habitantes. Estas huellas fotográficas son solo un abrebocas de lo que hace parte del espacio urbano pero más allá conducen a la reflexión sobre las transformaciones y dinámicas que determinan la zona céntrica de una ciudad. La sección continúa con un comentario crítico de una fuente histórica. Tiene como fin mostrar el papel de la prensa en un contexto de guerra evidenciándose como un agente activo con intereses propios en medio del combate.
FOTOGRAFÍAS DE LA CIUDAD.
TESTIMONIOS DE LA CALLE
Ricardo Moreno
Estudiante de la Maestría de Estudios Políticos. Universidad Nacional de Colombia. acidoxido@hotmail.com
La ciudad constituye un relato estético que se manifiesta en cada una de sus calles, sus barrios y, desde luego, sus habitantes. Pese a la alta velocidad a la que son expuestas y, al mismo tiempo, nos exponen las ciudades, en muchas ocasiones, conducen a que percibir y comprender su cotidianidad y sus transformaciones sea un ejercicio que requiere de un esfuerzo considerable no solo para los estudiosos de las urbes sino también para sus propios moradores.
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LA PRENSA COMO ACTOR EN LA GUERRA. EL PAPEL DE UNA EDITORIAL
Sayra Rodríguez
Historiadora y estudiante de la Maestría en Estudios Políticos. Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Comité Editorial de Historik. scrodriguezg@unal.edu.co
En plena guerra civil, la llamada Guerra de los Mil Días (1899-1902), aparecía en el periódico oficialista y conservador El Orden Público una editorial firmada por “varios católicos” y titulada Contraste. Escrita en tono irónico comparaba las dos caras de una misma moneda. De un lado, el grito de un “¡Viva la revolución!”, del otro, un airoso “¡Viva el Gobierno!”. De un lado, un acto satánico, desprestigiado y errado. Del otro, uno de valentía y amor a la patria. La rebelión era retratada como un maléfico golpe a los tres pilares de la sociedad colombiana de ese momento: la religión, la propiedad y la familia. Por su parte, la fuerza armada del Gobierno era el sello eterno del orden, el progreso y el bienestar. La editorial conservadora evocaba las convicciones honradas partidistas que hacían parte del ideario político de la época. El Gobierno hacía gala de sus actos benevolentes como estrategia para desprestigiar al enemigo no solo en el plano político sino también moral.
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